PODER Y ESTADO PERFILES

Tulum: las playas vuelven a ser de todos

GRILLOS & GRILLOS.

La columna más chingona de Quintana Roo: donde el periodismo tiene carácter.

Por Joaquín Pacheco Cabrera

En tiempos donde los espacios naturales parecen quedar cada vez más acotados por bardas, exclusividades o intereses privados, abrir el acceso libre y gratuito a las playas de Tulum es, sin duda, una noticia que respira esperanza. Es un recordatorio poderoso de que los derechos colectivos deben prevalecer sobre los privilegios de unos cuantos.

La gobernadora Mara Lezama, en coordinación con la secretaria federal de Turismo, Josefina Rodríguez, y bajo la visión de bienestar social que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum, han logrado concretar una acción de profundo simbolismo: reconectar al pueblo con su territorio, abrir de nuevo los caminos hacia el mar que por años se fueron cerrando, y hacerlo además con orden, limpieza y respeto por la naturaleza.

El Parque del Jaguar es mucho más que un proyecto turístico; es una muestra de cómo puede convivir la conservación ambiental con el derecho ciudadano a disfrutar de las riquezas naturales. Desde ahora, cualquier persona —sea local, visitante nacional o extranjero— puede ingresar a las playas Santa Fe, Pescadores, Maya y del Mangle, sin pagar un solo peso. Esto no es una concesión: es la recuperación de un derecho.

Resulta alentador que, en lugar de discursos vacíos, se estén tomando acciones concretas que devuelven espacios públicos a la gente. La instalación de señalética visible, accesos limpios, vigilancia y una reglamentación clara garantizan que este logro no se quede en el papel. Es una política de inclusión, pero también de orden y sustentabilidad, porque el disfrute del entorno debe ir de la mano con su preservación.

Hay algo profundamente simbólico en ver a las autoridades caminar junto con la sociedad civil por las playas del Caribe mexicano. No se trata solo de abrir caminos físicos, sino también de abrir caminos de confianza entre gobierno y ciudadanía, demostrando que la gestión pública puede y debe centrarse en el bienestar común.

Con estas acciones, Quintana Roo no solo reafirma su liderazgo turístico: reafirma su vocación humana y social. La recuperación de los accesos públicos en Tulum representa un paso firme hacia un modelo de desarrollo que no excluye, que no privatiza la belleza, y que entiende que el mar —como la democracia— solo tiene sentido cuando pertenece a todos.

Hoy, el oleaje del Caribe no solo trae brisa y sal… trae justicia.

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