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El nuevo ‘Superman’ de James Gunn: entre la comedia desbordada y el caos narrativo

El Hombre de Acero vuelve a volar, pero esta vez lo hace en clave de comedia. Con la llegada de Superman, dirigida por James Gunn, el universo cinematográfico de DC da un giro radical: deja atrás la solemnidad oscura de entregas pasadas y se lanza de lleno a un espectáculo visual lleno de humor, irreverencia y guiños metarreferenciales que dividen a crítica y audiencia.

Conocido por su trabajo en Guardianes de la galaxia, Gunn trae al icónico superhéroe su sello distintivo: chistes constantes, personajes excéntricos y un ritmo desenfrenado que no da tregua. Pero trasladar esa fórmula al universo de Superman —históricamente más serio, introspectivo y simbólico— genera un choque de estilos que no siempre encaja del todo.

David Corenswet, quien asume el manto que antes llevaron Henry Cavill y Christopher Reeve, ofrece una interpretación físicamente convincente, aunque con menos carisma que sus antecesores. Su Superman es más torpe que estoico, más juguetón que inspirador. A su lado, Rachel Brosnahan como Lois Lane brilla en sus breves momentos en pantalla, pero su personaje queda subutilizado en una narrativa saturada de figuras secundarias y criaturas extravagantes.

Uno de los puntos fuertes es Nicholas Hoult, que interpreta a un Lex Luthor siniestro y magnético, acompañado por una galería de héroes y metahumanos que conforman una suerte de “Banda de la Justicia”: Mr. Terrific (Edi Gathegi), Hawkgirl (Isabela Merced) y un exagerado Linterna Verde encarnado por Nathan Fillion, aportan color y confusión a partes iguales.

La trama arranca con un Superman derrotado, escondido en una base antártica custodiado por robots, tras caer ante “el Martillo de Moravia”, un villano menor manipulado por Luthor. Desde allí, el filme se transforma en una sucesión de batallas espectaculares, secuencias saturadas de CGI, y cameos que remiten no solo a personajes del universo DC, sino también a Marvel, con constantes referencias a los X-Men, Iron Man, e incluso los Vengadores.

El caos narrativo crece con la incorporación de un perro volador, un gremlin que se convierte en monstruo de proporciones colosales, y una villana poderosa interpretada por la venezolana María Gabriela de Faría. Todo esto, mientras Superman lidia con visiones holográficas de sus padres kriptonianos, entre ellos un Jor-El interpretado por Bradley Cooper, en un guiño directo a Marlon Brando.

Aunque la película busca recuperar el tono ligero de la era de Reeve —dejando atrás el dramatismo de Cavill—, lo hace con un enfoque que roza la autoparodia. Para algunos, es un refrescante cambio de tono; para otros, una traición al espíritu del personaje.

Con un estreno mundial este viernes, las expectativas de taquilla son altas: se proyecta una recaudación cercana a los 200 millones de dólares en su primer fin de semana. Será el primer gran examen para la nueva era de los estudios DC, ahora bajo el liderazgo conjunto de James Gunn y Peter Safran.

¿Es este el Superman que el público necesita, o solo el que el nuevo DC quiere imponer? La taquilla y la audiencia tendrán la última palabra

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