PODER Y ESTADO PERFILES

El “García Luna” de Tabasco: Hernán Bermúdez/ Estefanía Mercado: Seguridad y narrativa en las encuestas / Ovidio Guzmán se declara culpable: una pieza menos en el ajedrez.

Grillos y Grillos

La columna de opinión con mayor impacto en Quintana Roo.

Por Joaquín Pacheco Cabrera

El “García Luna” de Tabasco: Hernán Bermúdez

En Tabasco, los rumores ya dejaron de ser susurros y se han convertido en una versión cada vez más difícil de ignorar: Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad y Protección Ciudadana del estado, cuenta con una orden de aprehensión y ha sido vinculado con la operación y encubrimiento de un grupo delictivo que sembró el miedo durante más de un sexenio.

El apodo que corre entre los pasillos de la Fiscalía General del Estado es tan simbólico como perturbador: el “García Luna” del trópico. Las comparaciones con Genaro García Luna, el exsecretario de Seguridad Pública federal condenado por sus vínculos con el narcotráfico, no son gratuitas ni exageradas. El señalamiento es directo: Bermúdez habría operado desde el aparato de seguridad estatal protegiendo a “La Barredora”, un grupo criminal responsable de ejecuciones, desapariciones y extorsiones durante los gobiernos de Adán Augusto López Hernández, el interinato de Carlos Manuel Merino, e incluso los primeros meses de la administración de Javier May Rodríguez.

“La Barredora” no fue un simple brazo armado, sino una estructura delictiva que actuaba con lógica de control territorial: eliminaban enemigos, extorsionaban negocios, y presuntamente pactaban con autoridades. Se habla de desapariciones forzadas en municipios clave como Cárdenas, Huimanguillo y Centro, así como una ola de ejecuciones que fue maquillada bajo la narrativa de “ajustes de cuentas”.

Lo que agrava la situación es que este grupo no sólo operaba con violencia brutal, sino con un margen de impunidad llamativo. Las acciones eran rápidas, eficientes y, según reportes internos de la fiscalía, muchas veces “coincidían” con operativos oficiales. En palabras llanas: la policía limpiaba el terreno para ellos o simplemente miraba hacia otro lado.

El jefe de la Guarnición Militar de Tabasco fue quien, sin rodeos, reveló la existencia de una orden de aprehensión contra Bermúdez fechada desde el 14 de febrero de 2025. Lo más grave es que esta información nunca fue comunicada de forma oficial por la Fiscalía ni por el Gobierno del Estado. La opacidad ha sido el sello en este caso.

Gracias a esa omisión institucional, Bermúdez logró salir del país por vía aérea a través de Panamá, con escala en España y destino final, presuntamente, Brasil, país donde, de acuerdo con información de inteligencia, aún se le ubica. La justicia mexicana ha guardado silencio hasta el momento, como si el tiempo fuera a resolver lo que la ley no ha querido enfrentar.

Lo ocurrido en Tabasco no es solo una anécdota local. Es el reflejo de una enfermedad estructural: la infiltración del crimen organizado en los cuerpos de seguridad del Estado. Si se confirma que Hernán Bermúdez lideró o facilitó el actuar de “La Barredora”, el caso podría escalar a niveles federales y complicar la narrativa de los gobiernos morenistas que han gobernado la entidad desde 2019.

El silencio institucional en torno a este tema es una forma de complicidad. Y mientras eso ocurre, los grillos cantan… no por la lluvia, sino por la tormenta que se avecina.

Estefanía Mercado: Seguridad y narrativa en las encuestas

En contraste, en el Caribe mexicano, Estefanía Mercado, actual presidenta municipal de Solidaridad (Playa del Carmen), lidera encuestas en materia de percepción de seguridad. Su ascenso ha sorprendido a propios y extraños, en un entorno donde la violencia turística y la extorsión son pan de cada día.

¿Cómo logra encabezar los números en este rubro? La respuesta está en su estrategia de comunicación y el discurso que conecta con sectores clave del municipio. Mercado ha impulsado una narrativa de “mano firme” y ha capitalizado cada operativo, cada patrulla nueva y cada arresto con una maquinaria de medios bien aceitada. Sin embargo, algunos expertos advierten que la percepción no siempre corresponde con la realidad.

Aunque es cierto que hay reducción en ciertos indicadores, como robos a transeúntes y asaltos en zonas turísticas, otros delitos como la extorsión a comercios o la violencia en fraccionamientos populares no han bajado significativamente. Es una política de seguridad a dos niveles: el que se ve, y el que se vive.

Ovidio Guzmán se declara culpable: una pieza menos en el ajedrez

En un tribunal federal en Chicago, Ovidio Guzmán López, alias El Ratón, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, se declaró culpable de varios cargos relacionados con el tráfico de drogas y lavado de dinero. El hecho es histórico: no solo por el peso simbólico del apellido, sino por el reconocimiento tácito de que el Cártel de Sinaloa opera como una empresa transnacional del crimen.

Ovidio acepta su responsabilidad en el tráfico de fentanilo, cocaína y metanfetaminas hacia Estados Unidos, un negocio que, según la DEA, ha cobrado más de 100 mil vidas solo por sobredosis de fentanilo. La declaración no solo implica una condena personal, sino también un mensaje silencioso a las estructuras de poder en México: el juicio no será solo contra una persona, sino contra un modelo de impunidad.

Su caso, además, desata un nuevo dilema para el gobierno mexicano, que ha sostenido que la estrategia de “abrazos, no balazos” sigue vigente. La extradición, el juicio, y la confesión de El Ratón revelan que la guerra contra el narco sigue viva, aunque muchos prefieran no admitirlo.

Tres escenarios, tres figuras, y un país donde la seguridad pública se juega entre la percepción, la narrativa y los pactos silenciosos. En Tabasco, Bermúdez concentra poder bajo la sombra de acusaciones; en Quintana Roo, Estefanía Mercado lidera la percepción; y en Chicago, El Ratón habla, mientras otros en México guardan silencio.

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