Grillos & grillos
La columna de opinión número uno en Quintana Roo.
Por Joaquín Pacheco Cabrera
Entre tanto ruido político, promesas al aire y discursos huecos, hay momentos en que los datos callan bocas y hablan por sí solos. Ese parece ser el caso de Quintana Roo, que esta semana recibió una palmada significativa de la agencia calificadora Moody’s Local México, al elevar su calificación crediticia de A.mx a A+.mx. Un reconocimiento que, guste o no, representa un paso firme hacia la estabilidad financiera del estado.
En un país donde las finanzas públicas suelen ser campo minado, con gobiernos que heredan deudas como si fueran trofeos de guerra, que Quintana Roo haya logrado no solo mantener la casa en orden, sino mejorar su perfil crediticio en medio de un entorno económico complejo, es digno de subrayarse.
Moody’s no regala estrellitas. Su metodología es estricta, técnica y, sobre todo, inmune al discurso político. Y si sumamos que apenas en junio Fitch Ratings también mejoró la nota del estado, ya no estamos hablando de un golpe de suerte, sino de una tendencia positiva. Lo que antes eran dudas sobre la capacidad financiera de la entidad, hoy son certezas respaldadas por cifras.
¿Y qué hay detrás de este reconocimiento? Según los reportes, un incremento sostenido en la recaudación de ingresos propios, resultados operativos positivos y un fortalecimiento de la liquidez estatal. Nada de eso ocurre por accidente. Significa que hay una estrategia, una disciplina y, sobre todo, un nuevo estilo de gobernar que, en palabras de la propia gobernadora Mara Lezama, se basa en la honestidad y el uso responsable del dinero público.
Sí, es un discurso político, pero esta vez respaldado por hechos.
En esta columna siempre hemos sido críticos —y lo seguiremos siendo—, pero también es justo reconocer cuando las cosas se hacen bien. Y aquí, los “grillos” que suelen cantar por conveniencia, hoy tendrían que guardar silencio para dejar sonar las cifras. Porque más allá del sello ideológico de este gobierno “humanista y con corazón feminista”, como lo define Mara Lezama, lo que hoy importa es que los recursos están mejor administrados y que el futuro financiero de Quintana Roo pinta más estable.
Ahora bien, no todo es aplauso. Esta calificación no es un cheque en blanco. Es una oportunidad y también una responsabilidad. Significa que los inversionistas confían, pero también estarán vigilando. Significa que el margen de error se reduce y que cada peso deberá seguir rindiendo cuentas claras.
Y, sobre todo, significa que la mejora crediticia debe traducirse en mejores servicios, infraestructura, inversión social y calidad de vida para los quintanarroenses. Porque la estabilidad financiera, sin resultados tangibles para la gente, es solo una buena nota en papel.
Por ahora, el gobierno de Quintana Roo ha pasado un examen clave con honores. Veremos si sabe aprovechar esta calificación como punto de partida y no como meta final.

