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Entre jaguares, turistas y militares…tulum

Grillos& Grillos

La columna más chingona —y leída— de todo Quintana Roo.

Por Joaquín Pacheco Cabrera

Mara Lezama, gobernadora de Quintana Roo, vuelve a poner el dedo en el renglón: esta vez, en Tulum, por el ya famoso Parque del Jaguar, un ambicioso proyecto que, si bien promete equilibrio entre desarrollo turístico, conservación ambiental y bienestar social, sigue generando más dudas que certezas.

La mandataria asegura haber estado en la zona para “atender el tema”, preocupada —dice— por los artesanos y restauranteros que se han visto desplazados o limitados por las nuevas reglas del juego que impone la SEDENA. Asegura haber sostenido reuniones al más alto nivel, que el asunto ya llegó hasta la mañanera y que el lunes habrá presentación en la CDMX. Todo muy institucional.

Lo curioso es que este “tema” vuelve a encenderse por un hecho que, aunque pequeño en apariencia, tiene implicaciones mayores: la Guardia Nacional le negó el acceso a un turista extranjero solo por llevar compras de supermercado en su vehículo. ¿La razón? No tenía reserva o justificación suficiente para ingresar. El visitante alegó que iba a comer dentro del parque, pero no fue suficiente.

Y aquí viene lo grave: estamos frente a un espacio público —teóricamente—, con aspiraciones de área natural protegida bajo las reglas de la CONANP, pero con accesos controlados por militares, filtros de seguridad y criterios arbitrarios. ¿Desde cuándo comprar víveres se volvió sospechoso en una zona turística?

El proyecto del Parque del Jaguar, aunque bien intencionado en el papel, corre el riesgo de convertirse en un santuario de exclusión, más que de conservación. Lo que debería ser un modelo de turismo responsable y desarrollo comunitario, empieza a oler a centralismo autoritario con uniforme verde olivo.

Mara intenta conciliar: habla de accesos ordenados, de cuidar el medio ambiente, de apoyar a la comunidad. Pero la realidad en el territorio va más rápido que los discursos. Si un turista no puede entrar porque lleva una bolsa de supermercado, ¿qué puede esperar un artesano local que vive al día?

Hay que recordar que Tulum no solo es tierra de jaguares y selva, sino también de miles de personas que han hecho del turismo su forma de vida. Si el nuevo parque se levanta sobre la base de exclusiones, militares y filtros opacos, el conflicto no será entre el hombre y la naturaleza, sino entre el ciudadano y el Estado.

El lunes veremos el “proyecto” en la capital. Ojalá venga con más apertura y una seguridad social. Porque ni el turismo ni la conservación se construyen desde el miedo o la sospecha, sino desde la inclusión y el respeto a la gente.

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