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Carnaval, piruetas y patrimonio: cuando la promoción se convierte en irresponsabilidad

Grillos y Grillas

Carnaval, piruetas y patrimonio: cuando la promoción se convierte en irresponsabilidad

Por Joaquín Pacheco Cabrera

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Mire usted, nadie está en contra de los carnavales. Al contrario. Son válvula de escape social, anestesia colectiva, terapia popular y, en muchos casos, el único momento del año donde el pueblo puede bailar, reírse, olvidar la quincena y pensar que todo va a estar bien… aunque no lo esté.

Promoverlos es correcto. Difundirlos es necesario. Celebrarlos es sano.
Hasta ahí, todo bien.

Lo que ya no está bien —ni aquí ni en China— es querer hacer marketing de carnaval jugando al acróbata sobre sitios arqueológicos, como si las zonas protegidas fueran escenografía de TikTok y no patrimonio histórico de la nación.

Porque no estamos hablando de una banqueta, ni de un camellón, ni de un parque público. Estamos hablando de sitios arqueológicos protegidos por el INAH, con restricciones claras, normas federales, criterios técnicos y reglas que existen por una razón muy simple: preservar la historia y evitar tragedias.

El INAH no pone reglas por deporte. Las pone para:

  • Proteger estructuras milenarias
  • Evitar daños irreversibles
  • Prevenir accidentes
  • Conservar la memoria cultural de México

Y ahora la pregunta obligada:
¿La presidenta municipal de Isla Mujeres no sabía esto?
¿O sí sabía… y simplemente no le importó?

Porque una de dos:

  • O hay ignorancia institucional,
  • O hay indiferencia política,
    y ambas son igual de graves.

Que un personaje de un video promocional ande haciendo piruetas en un sitio arqueológico no es creatividad, es irresponsabilidad.
Que se arriesgue a caer por un precipicio no es marketing, es negligencia.
Que se utilice patrimonio histórico como set de grabación es falta de respeto institucional.

Y aquí viene lo mejor del teatro político:

Si un ciudadano común hubiera hecho eso,
ya estaría mínimo:

  • detenido,
  • multado,
  • en separos municipales,
  • con boletín,
  • foto de ficha,
  • y letrero de “infractor”.

Pero como es video oficial, promoción institucional y “contenido creativo”, entonces no pasa nada.
Ahí sí ya no aplica la ley, ahí ya no existe el INAH, ahí ya no hay reglamentos, ahí ya todo es “show”.

Eso sí: para el ciudadano, todo el peso de la norma.
Para el poder, pura edición de video y filtro bonito.

Aquí el problema no es el carnaval.
El problema es la banalización del patrimonio.
El problema es creer que todo se puede usar como escenario.
El problema es la cultura política de “no pasa nada”.

Porque hoy es un video.
Mañana es un evento.
Pasado mañana es una tarima.
Y después ya es una estructura dañada que nadie puede reparar.

La ley no debería depender del cargo.
La protección del patrimonio no debería depender del partido.
La responsabilidad no debería depender del puesto.

Y sí, alguien debería recibir una amonestación.
Y sí, alguien debería recibir una sanción.
Y sí, alguien debería explicar públicamente quién autorizó eso.

Porque si no, el mensaje es claro:
En México, el patrimonio es sagrado…
hasta que estorba para la promoción política.

Y así, entre grillos, cámaras, carnaval y marketing barato,
seguimos confundiendo cultura con contenido
y patrimonio con propaganda.

 

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