Grillos y Grillas
Por Joaquín Pacheco Cabrera
En política, como en la vida, no todo es cuestión de números… pero cuando los números empiezan a no cuadrar, hasta el discurso más florido se queda sin aplausos.
Quienes tienen memoria —y Tulum aún la conserva— recuerdan que cuando Diego Castañón se desempeñaba como tesorero municipal, durante la administración de Marciano Dzul, las finanzas públicas caminaban derechas. Había liquidez, se pagaban compromisos y la obra pública avanzaba. No era un paraíso, pero sí una etapa que muchos describen, sin exagerar, como de estabilidad e incluso de abundancia presupuestal.
El destino —ese jugador implacable— movió las piezas tras el lamentable fallecimiento del entonces presidente municipal Marciano Dzul, y fue Diego Castañón quien asumió la presidencia municipal interina. No venía del molde clásico de la clase política: no era cuadro partidista ni producto de estructuras tradicionales. Era, más bien, un joven empresario con perfil administrativo, formado en el manejo financiero. De ahí su llegada a la Tesorería… y luego al sillón principal del Ayuntamiento.
Su arribo no fue casual ni improvisado. Hubo acuerdos políticos, principalmente con la familia Dzul, ganadora legítima de la elección y depositaria del proyecto de gobierno en turno. Sin embargo —y aquí empiezan los grillos— dicen uno y otro tulumense que esos acuerdos no se cumplieron cabalmente. La percepción de ruptura se extendió rápido y marcó el inicio de su gestión.
Pero la política es el arte de recomponer. Rumbo al proceso electoral de 2024, Diego Castañón entendió la lección y se sentó a negociar. Rehízo puentes con los actores de siempre, con los caciques locales, con familias de peso histórico como los Mas, los Tah, los Blalan, los Dzul y otros grupos que, nos guste o no, siguen moviendo la balanza en Tulum. Esa operación le alcanzó para ganar la reelección, aunque por la mínima, frente a Jorge Portilla, en una contienda cerrada que exhibió la profunda división política del municipio.
Hoy, el escenario es otro. El 2025 ha sido especialmente duro para Tulum. La ausencia de turismo ha obligado a muchos a reinventarse, a buscar ingresos fuera de lo que por años fue su zona de confort. Y no, no todo es culpa de los empresarios ni únicamente de los precios elevados. El problema de fondo es la falta de planeación desde el gobierno municipal.
La realidad es cruda: el Ayuntamiento atraviesa una severa crisis financiera. Donde antes había equilibrio, hoy hay deuda. Más de 50 millones de pesos comprometidos y, aun así, insuficientes para cubrir obligaciones básicas como los aguinaldos. Los números ya no mienten… y tampoco perdonan.
En medio de este panorama, el alcalde parece mirar más hacia la política nacional que hacia las calles de su municipio. En corto, se le escucha decir que no le debe políticamente nada a la gobernadora Mara Lezama. Su verdadero respaldo, asegura, proviene del ámbito federal, particularmente de Ricardo Monreal, a quien identifica como su padrino político.
Esa cercanía explicaría la constante presencia en Tulum del diputado federal Enrique Vázquez Navarro, veracruzano de origen, pero plurinominal por la tercera circunscripción. Bajo ese argumento, se ha intentado posicionarlo como eventual candidato, incluso como posible presidente municipal de Tulum. La maniobra es clara… pero también riesgosa.
Porque si algo debería tener claro Diego Castañón es que en Quintana Roo hay una figura que pesa y decide: Mara Lezama. Gobernadora fuerte, referencia moral y política dentro de su partido, y voz determinante rumbo a los próximos procesos electorales. Ignorar esa realidad no es valentía política, es temeridad.
La señal más clara se dio el pasado 6 de enero, durante el mensaje de Blanca Merari por el décimo aniversario de Puerto Morelos. Su frase fue directa: Puerto Morelos es de los portomorelenses. Y, bajando el tono pero no el mensaje, remató: también es de la gente arraigada. La lectura fue inmediata y sin matices: Tulum es de los tulumenses. No de foráneos improvisados ni de candidatos importados que apenas conocen el municipio.
Dicen que Diego Castañón jura y perjura que Ricardo Monreal lo hará candidato a diputado local, pasando por encima de liderazgos estatales. Pero la política, como la geografía, tiene límites. Monreal podrá presidir la Cámara de Diputados, pero en Quintana Roo hay gobernadora… y su influencia no es menor.
Por cierto, cuentan que ese día en Puerto Morelos, cuando el mensaje fue entendido, Diego salió —literalmente— corriendo.
Así están los grillos y las grillas en Tulum: entre deudas, aspiraciones nacionales y una realidad local que exige menos padrinos y más gobierno. Porque al final, la política se gana con acuerdos… pero se sostiene con resultados.
